Quillacollo: Las Voces Detrás de los Números

Fuera de Bolivia, la ciudad de Quillacollo no es una urbe muy conocida. La que fue una vez, un pequeño y rural  punto fronterizo a la más bulliciosa  capital del departamento de Cochabamba, Quillacollo ha experimentado un crecimiento exponencial de la población en la última década. Aunque no ha habido un censo oficial desde 2001, las estimaciones basadas en las conexiones al servicio de agua y de electricidad indican que la ciudad ha sobrepasado los 300,000 residentes. El Presidente del Consejo Gilmar Terrazas cree que cerca del 50 por ciento de los residentes son inmigrantes. Este auge de la población lleva consigo una larga lista de problemas para el desarrollo de una infraestructura adecuada. Los asentamientos se expanden en las zonas periurbanas que a menudo no tienen acceso a alcantarillado ni a los servicios de saneamiento, así como al agua potable. En Quillacollo, muchos de estos nuevos residentes de la ciudad se han ubicado en zonas susceptibles a inundaciones, debido a su proximidad con el río Rocha. Establecerse en las zonas cercanas a la llanura de inundación es un riesgo que algunos no tienen más remedio que tomar. Tal fue el caso de Fortunato Guzmán Torrico, que eligió una casa en el lado occidental de la avenida Martín Cárdenas en el barrio de Providencia, pensando que era la mejor opción disponible:

“Esto nunca había pasado antes. Antes había tierra apta para la siembra en ambos lados (de la carretera principal). En el otro lado no había más tierra sembrada y por eso no quise comprar la tierra en ese lado, porque el nivel de la tierra era muy bajo. En 1965 o 1968 el río se desbordó y todas las casas de ese lado se cayeron. Se llevó a cerdos y ovejas. Sin embargo, el agua no atravesó la carretera principal, ya que se dirigió hacia la tierra sembrada en ese lado de la carretera. Pero ahora que han construido la carretera, al otro lado donde antes se cultivaba y la tierra era muy baja, la gente ha ido comprando los lotes y han llenado el espacio con la tierra, al nivel de la carretera. Antes, el nivel de la tierra era bajo, el agua no llegaba a este lado – pero ahora se pasa a este lado… Ahora no hay ni siquiera la alfalfa para el ganado. Y ellos están trayendo el agua aquí desde Cercado [en la ciudad de Cochabamba] y de Vinto [un municipio próximo a Quillacollo].”

Mientras que las inundaciones se asocian típicamente con las tierras bajas orientales de Bolivia, particularmente del Beni, donde en el 2008 las lluvias torrenciales fueron las peores en 50 años, también tienen serias consecuencias para los residentes que viven en el altiplano y los valles circundantes. El 21 de febrero del 2011 las aguas del río Rocha, que habían aumentado, en aproximadamente una semana, debido a las fuertes lluvias en el valle de Cochabamba, finalmente se desbordaron.

Los residentes del barrio de Providencia, del sur de Quillacollo, fueron despertados por una mezcla de agua y alcantarillado vertido en sus hogares. Con poco tiempo para reaccionar, se preocuparon más por el bienestar de sus seres queridos, dejando muchas de sus posesiones atrás. María Arroyo se centró en la seguridad de sus tres hijos y abandonó la casa sin tomar el valioso equipo de sonido del que dependen los ingresos de su familia:

“Teníamos un equipo de amplificación y de esto es de  lo que vivíamos, pero desde que la inundación  vino en la madrugada, no hemos tenido tiempo para salvar todo. Ahora no podemos trabajar porque no tenemos el equipo completo.”

La pérdida de estos valiosos recursos no es un hecho fácil de sobrellavar y puede resultar en la ruina económica. Los que han perdido su principal fuente de ingresos comprenden lo que significa para su supervivencia. Fortunato Torrico perdió tres de sus animales, dos toros y una vaca preñada. Abrumado por la situación, quebró en llanto mientras nos contaba de la mañana en la que él perdió su batalla con la inundación y que diezmó a sus animales:

“Habían varias vacas atadas y con el agua que llegaba hasta la cintura, no pudimos desatarlas. Estábamos corriendo. Tengo una lesión en la espalda…”

Los ancianos, como Fortunato, son extremadamente vulnerables a los impactos de los fenómenos meteorológicos, debido a sus limitaciones físicas. Las mujeres y los niños también sufren de manera desproporcionada en estos desastres, como fue el caso del barrio del Calvario. Las enfermedades transmitidas por el agua son particularmente agudas en regiones que sufren de inundaciones extremas. Los científicos del clima están sugiriendo que los cambios ambientales asociados con el calentamiento global darán lugar al incremento de varias enfermedades, así como un creciente número de casos. Otra de estas enfermedades no son transmitidas por el agua y se cree que son causadas por los patrones migratorios y el incremento de la población, siendo mayor en las zonas urbanas. Aunque no hubo informes sobre la presencia del dengue o la fiebre tifoidea en Quillacollo, por lo general asociadas con zonas inundables, muchos residentes con los que hablamos, reportaron que sus hijos habían desarrollado enfermedades de la piel y diarrea y tenían miedo del número de mosquitos emergentes de los charcos de agua dejados atrás. Cuidar a un niño enfermo y débil, incluyendo los gastos médicos asociados a ello, es otro costo ocasionado a aquellos menos afortunados.

Para agravar la severidad de las inundaciones, el sistema de saneamiento fue incapaz de manejar el enorme volumen de agua que el Río Rocha enviaba a través de él. En consecuencia, los hogares estaban llenos, no sólo con las aguas de la inundación, sino también con parte de las aguas residuales no tratadas de la ciudad. Según el informe de la evaluación mundial sobre la reducción del riesgo de desastres de la ONU resalta,

“el amplio riesgo de inundación está estrechamente relacionado con el aumento de nuevos asentamientos urbanos, una subinversión crónica en toda la ciudad de drenaje pluvial, la ubicación de los asentamientos informales, los proyectos de vivienda social en las zonas propensas de inundación como ser las tierras bajas y la insuficiente gestión del agua en las cuencas circundantes. En otras palabras, el proceso de urbanización no sólo conduce a la exposición cada vez mayor de personas vulnerables a las zonas propensas de amenazas, sino también es responsable de los riesgos en aumento, en particular de las inundaciones.”(UNISDR, 2009. p72.)

Mientras que todos estos impactos – las enfermedades, la pérdida de los bienes materiales y los medios para generar ingresos – son tanto física y económicamente debilitantes por sí mismas, nada es más traumático que la amenaza del colapso de tu casa sobre tu familia. Esto es a lo que muchos se enfrentaron la mañana del 21 de febrero del 2011 y las semanas siguientes. Hablamos con una mujer que nos habló sobre su decisión de abandonar su hogar e ir a un campamento de personas desplazadas por las inundaciones:

“En esos días yo estaba en mi casa y realmente no quería quedarme ahí. Vine aquí porque me daba miedo que la casa se derrumbara sobre mí… no podíamos dormir por la noche.”

En el fondo de estos temores, está la realidad de que muchas de las casas construidas en zonas precarias no pueden resistir las fuertes lluvias y las inundaciones. Adobe – el principal material de construcción utilizado para muchas casas en las zonas más pobres de Bolivia y otras partes del mundo subdesarrollado – no es el material más sólido estructuralmente para la construcción, pero resulta ser el más barato. Para aquellos con escasos recursos monetarios, a menudo el adobe es el mejor material disponible. Un hombre de un barrio afectado, describe el pensamiento de aquellos que han desarraigado a sus familias por dormir en los campamentos instalados con la ayuda del Ministerio de Defensa y las Naciones Unidas:

“El agua estaba dentro de la casa, lo mejor fue que saliéramos de allí [al campo]. Fue también más seguro para los niños. No podíamos esperar hasta el día siguiente – ver ¿cómo [la casa de allá] se ha derrumbado? El techo se cayó… si estabas dentro de la casa, te iba a matar, ¿no? Ellos han preferido salir de sus casas y dormir aquí.”

Y quién sabe cuánto tiempo pasará hasta que puedan regresar. Sin acceso a los materiales de construcción necesarios para reconstruir, algunos han perdido la esperanza de que vayan a recibir la asistencia para la reconstrucción de sus vidas. Celso Coca, en sus demandas correspondientes a las autoridades gubernamentales, fue implorando por los materiales de reconstrucción como el ladrillo o cemento. Sin embargo, el no se mostró optimista en las posibilidades de recibir asistencia.

“Las autoridades nos han olvidado. Estamos tratando de encontrar algunos fondos mediante la colaboración entre nosotros mismos. Han planeado hacer una kermes [venta de comida y bebida] para este domingo o el siguiente… Tenemos que organizarnos bien y poner los fondos en conjunto, porque las autoridades -. No sé cuándo o si van a llegar.”

Sin la ayuda específica de alguna autoridad, nacional o internacional, muchos de estos hogares serán abandonados y la tierra será vendida por una fracción de lo que se invirtió originalmente. Esta puede ser la única solución, aunque, como las inundaciones en Quillacollo alcanzaron nuevamente altos niveles en el 2012, destruyendo 27 casay afectando alrededor de 350 familias en toda la ciudad.  Sin un plan coordinado del gobierno para hacer frente a una inadecuada infraestructura, la carga de estos desastres continuará siendo llevada por los menos afortunados para recuperarse de los impactos emocionales, físicos y económicos.

 

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